viernes, 23 de febrero de 2018

ÚLTIMA CENA, INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

 — «LO QUE HACES, HAZLO PRONTO»
 Con mirada escrutadora de las almas, ve Jesús el crimen horrendo de un escogido para la excelsa dignidad de Apóstol; ve su Pasión amarguísima, acelerada por este crimen; ve el suicidio desesperado de Judas.

 Entonces profundamente conmovido, dijo: —Os aseguro que uno de vosotros me entregará.

 Espantados se miran mutuamente, temiendo cada uno encontrar en el rostro del compañero la lividez acusadora del crimen.

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 Su conciencia de nada los remuerde, pero más se fían de la palabra de Jesús, y al fin pueden hablar, y uno tras uno, y «entristeciéndose mucho» porque mucho le aman, le preguntan: —Señor, ¿soy acaso yo? ¿Soy yo? A modo de respuesta, Jesús repite la terrible profecía, ponderando toda la maldad encerrada en semejante traición: —Uno de vosotros, uno que está conmigo...

Y en su deseo de llegar al corazón de Judas, anuncia el pavoroso castigo que le amenaza. —El Hijo del hombre se va, según está decretado. Mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!
 ¡Mas le valiera no haber nacido!
¡Mas le valiera no haber nacido!
Judas  pregunta también: —¿Soy yo acaso, Maestro? Yo creo que su respiración estaría en suspenso aguardando la respuesta. Jesús le dice en voz baja: —Tú lo has dicho: tú eres.



 ¡Y tampoco se echó entonces Judas al suelo, llorando a los pies de quien hubiera llorado con él! La fidelidad vehemente de Pedro no puede soportar el pensamiento de que este sentado en su misma mesa un traidor a Jesús. Quiere saber quién es.


Uno de los discípulos, aquel a quien Jesús amaba —así nos cuenta sencillamente San Juan, que era ese discípulo—, estaba a la mesa, recostado a la derecha de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: —Señor, ¿quién es?

¡Dulce intimidad de amigo que quiere conocer la pena de su amigo para consolarle! El Corazón de Jesús se conmovió agradecido ante aquella pregunta llena de amor, y en prueba de que aceptaba el consuelo ofrecido por el amado discípulo, le comunica su pena descubriéndole quién es el traidor. Pero, siempre delicado, siempre noble, no quiere decirle el nombre, sino solamente darle una señal, para que así Juan entienda que a nadie lo debe descubrir.

Le contestó Jesús: —Aquél a quien yo daré este trozo de pan untado. Y tomó un pedazo de pan, lo mojó en la salsa, y extendió la mano. Con qué emoción contenida miraría Juan la mano de Jesús para ver a quién de los Doce se acercaba...
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 Y se acercó a Judas, hijo de Simón lscariote, y le dio el pan. Esto fue para Judas un obsequio, una nueva delicadeza de Jesús. Para Juan fue el descubrimiento aterrador.

Tenía al criminal frente e frente. Fijo en él sus ojos doloridos. Y la mirada penetrante del discípulo virgen vio no sé que en la cara del discípulo perverso.

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 Entonces, al ver Jesús que nada ha conseguido, quiere quedarse solo con los suyos, libre de quien le atormenta con sólo estar presente. Y le dice: —Lo que piensas hacer, hazlo pronto.

No era empujarlo al crimen. Era una nueva invitación. Era advertirle que lo sabía todo, y que si no quería arrepentirse, debía marchar de allí.
 Y el desgraciado Judas estaba deseando ese momento. Se levantó en seguida. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería Jesús. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

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. — «TOMAD Y COMED»


 En cuanto Jesús se vio libre de la presencia del traidor, parece que no quiso disimular el descanso que sentía: —Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él...


Lavose las manos, manos honradas de carpintero, manos limpias de sacerdote, manos que bendecían...

Tomó una copa de vino ligeramente aguado y la bendijo. —Bendito seas, Señor, Dios nuestro, que has creado el fruto de la vid —recitaba pausadamente, según los ritos de la cena pascual.

 Bebió un poco, y ofreció la copa a Pedro para que circulara por todos, diciéndoles:
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 —Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.


 Se colocó el cordero. Venia extendido en dos palos sujetos en forma de cruz. Jesús sabía quién iba a ser mañana el verdadero Cordero sacrificado por los pecados del mundo. Lo despedazó con delicadeza, lo bendijo y lo distribuyó entre sus discípulos.

Llegó entonces el momento cumbre de los siglos. El momento que jamás se hubieran atrevido a imaginar ni los Santos ni los Ángeles.
El momento de la infinita generosidad de Dios.

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 Tomó Jesús un pedazo de pan de los que quedaban sobre la mesa, levantó los ojos a su Padre, le dio gracias, partió el pan, lo bendijo y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 —Tomad y comed: Esto es mi Cuerpo, entregado por vosotros.
 Del mismo modo tomó el cáliz, dio gracias y se lo entregó, diciendo:
 —Bebed de él todos. Porque esta es mi Sangre, Sangre de la Nueva Alianza, que por vosotros y por muchos será derramada para remisión de los pecados. Haced esto para acordaros de mí

 Este es mi Cuerpo... Esta es mi Sangre... Palabras sencillas y terminantes, que tienen un único sentido: aquello que parece pan, es el Cuerpo de Jesús; aquello que parece vino, es la Sangre de Jesús. El lo puede todo porque es Dios.

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Ahora dice ante el pan: Esto es mi Cuerpo, y el pan se convierte en el Cuerpo de Jesús. Queda el gusto de pan, queda el color, queda el peso: pero ya no es pan. Es el Cuerpo de Jesucristo, el mismo Cuerpo que esta sentado a la mesa. Y con el Cuerpo están la Sangre, el Alma y la Divinidad. Dice después ante el vino: Esta es mi Sangre. Y el vino se convierte en la Sangre de Jesús. Queda el color y el gusto del vino; pero ya no es vino. Es la Sangre del Hijo de Dios. Y con la Sangre están el Cuerpo, el Alma y la Divinidad.


  En esta primera consagración —y en las consagraciones que se sucederán por los siglos de los siglos— Jesús realiza un prodigio, mejor dicho, una serie de prodigios, que sólo Dios puede realizar. Y los Once creen sin dudar ni un momento. Ellos, hace un año, le habían oído decir «Os daré a comer mi cuerpo, os daré a beber mi sangre.» Creyeron que Jesús cumpliría esta promesa, pero no sabían de qué manera.

Comentario del El Drama de Jesús


VIA CRUCIS ANDALUZ

CRISTO DE BURGOS DE SEVILLA


LOS HERMANOS TRASLADAN AL CRUCIFICADO AL ALTAR DEL QUINARIO


El Santísimo Cristo de Burgos ya está en lo más alto del altar mayor de la parroquia de San Pedro para su quinario que dará comienzo a partir del próximo martes.

Una hermandad que volverá a renovar su voto de fe católica, una de las más antiguas de la ciudad.


 Al término de la eucaristía de la corporación, el crucificado era trasladado.





En su capilla, todo estaba preparado, con Madre de Dios de la Palma ataviada de hebrea.

 Sus hermanos procedían a llevarlo en sus hombros, como se ha hecho toda la vida, la cercanía a tus titulares, lo que supuso una gran emoción reflejado en sus propios rostros.








 Templo medio en penumbra, donde rezaban los misterios de las Cinco Llagas. Apenas diez minutos para llevar al Señor hasta el presbiterio, pero muy intensos.



 Una vez dada la bendición, todo aquel que quisiera podía besar su pie, antes de ser entronizado en el retablo mayor.






 La vida pasa, pero los hermanos del Cristo de Burgos continúan escribiendo con letras de oro su historia. En Pasión en Sevilla, te ofrecemos la galería de este solemne traslado.


FIN DE SEMANA EN SEVILLA

EL CRISTO DE BURGOS

El viernes 31 de marzo, tras la Misa de Hermandad que se celebrará a las 20:30 en nuestra capilla, tendrá lugar la MEDITACIÓN CUARESMAL ante la imagen del Santísimo Cristo de Burgos, que se llevará a cabo por El Rvdo Padre D. José Miguel Núñez, predicador del pasado Triduo en honor de Madre de Dios de la Palma.

El sábado 1 de abril celebraremos D.m. tras la Misa Preparatoria parroquial de las 20:00 horas, SOLEMNE VIA-CRUCIS, estando fijada la salida a las 20:45 horas y discurriendo con


 Abrió sus puertas a las 21.00 horas para el inicio del piadoso acto de las catorce estaciones con el crucificado del Perdón de Martín Nieto.

El siguiente itinerario: Salida, Plaza de San Pedro, Santa Ángela de la Cruz, Gerona, Doña María Coronel, Plaza de San Pedro, y entrada prevista a las 22:20 horas.





 


 El domingo 2 de abril, en horario de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 horas, estará expuesta la imagen del Santísimo Cristo de Burgos en DEVOTO BESAPIÉS, teniendo lugar a su conclusión, SOLEMNE TRASLADO de la imagen a su paso procesional.


CAPILLA DE SAN ANDRES

 abrió sus puertas a las 21.00 horas para el inicio del piadoso acto de las catorce estaciones con el crucificado del Perdón de Martín Nieto. Recorrió las calles Cuna, Sagasta y Sierpes para llegar de nuevo a su templo en torno a las 22.10 horas, finalizando así el acto.

miércoles, 21 de febrero de 2018

EL VIA CRUCIS DE CORDOBA

Beato Álvaro de Córdoba en Poniente y en los libros más rigurosos,


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 San Álvaro en la calle, en Santo Domingo de Scala Coeli y en la tradición de la ciudad. La Iglesia recuerda cada 19 de febrero al reformador dominico al que el pueblo trató de santo hasta hace muy poco, y que no sólo llevó el nombre de la ciudad en el suyo, sino que también dejó mucha huella.

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 Hasta el punto de que se le hizo santo sin serlo exactamente.
 Nacido en 1358 o 1360, en Zamora pero de ascendencia cordobesa, San Álvaro, que había profesado como dominico en San Pablo, estuvo en Tierra Santa y al volver a Córdoba fundó el convento de Santo Domingo de Scala Coeli, creó el considerado primer vía crucis de Occidente.



Los demás Via Crucis conocidos en Europa son todos posteriores al de Scala Coeli, como el del Monte Varallo, el de Romans-sur Isere, el de Fribourg, el de Lovaina o el de Adam Krafft en Nuremberg.


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 Incluso el de la Cruz del Campo de Sevilla es casi un siglo posterior.
 Además, si la primacía cronológica de los Vía crucis le corresponde a España, también es suya la primacía de intensidad; es decir, en ninguna parte arraigó tan profundamente como en España esa devoción
Su idea fue todo un éxito y se difundió a gran velocidad por otros conventos dando origen a la devoción a la Via Dolorosa o Via Crucis en toda la península que después fue imitadas por toda la cristiandad.

Una idea que, al mismo implicaba una enorme dosis de practicidad, ya que convertía en asequible para todos la peregrinatio spiritualis a Jerusalén, en aquella época enardecida de sueños de cruzadas, cuando la peregrinación real era punto menos que imposible.

La estructura de aquél Via Crucis promigenio, auténtico origen de nuestra Semana Santa, ha sufrido una notable evolución a lo largo de los siglos siendo la obra del holandés Adricomio, de fines del siglo XVI, sobre el modo de practicar esa devoción, y los Ejercicios Espirituales del P. A. Daza, O. F. M., que fue el que concretó el número de las 14 estaciones en 1625, quienes ejercieron un influjo definitivo
  Las estaciones 


Álvaro creó un vía crucis en la Sierra, por los alrededores del convento, en un paraje que le recordaba a la Jerusalén, y era distinto, tanto en número de estaciones, que eran menos, como en el contenido, puesto que incluso está la institución de la Eucaristía. Esto ha servido a algunos historiadores y estudiosos para considerarlo un «pre vía crucis».

Otros aseguran que esto no evita que fuera un recorrido hacía la cruz, que es lo que se pretende, independientemente de las estaciones que se recen, que la Iglesia insiste en que se pueden modificar.


El nombramiento como San Álvaro de Córdoba ya está presente en 1687, en una obra de Juan de Ribas, pero hasta finales del siglo XX nadie recordó que sólo era beato.

Con el nombre de Beato Álvaro de Córdoba se tituló una nueva parroquia en la zona occidental de Córdoba, hoy sede de la cofradía de la Sagrada Cena.

 Ni la diócesis ni la Orden de Predicadores, que tiene a muchos beatos si canonizar, ha dado nunca el paso de hacer oficial lo que para los cristianos era natural: que el 19 de febrero es el día de San Álvaro de Córdoba.


La devoción del Vía crucis, nacida como flor natural en el ambiente medieval de fervor por la meditación y el rescate de los Santos Lugares, plasmada por el Beato Álvaro en Scala Coeli, alcanzó su forma última con San Leonardo de Porto Maurizio, el santo que construyó en Italia nada menos que 572 Via Crucis, adoptando la forma española de las 14 estaciones.

 Álvaro de Córdoba fue confesor de la reina Catalina de Lancaster y del futuro Juan II de Castilla. Su sepulcro se encuentra en el Santuario de Santo Domingo de Escalaceli (o Scala Coeli), situado a unos 10 kilómetros de Córdoba, accediéndose a él por la carretera de Santo Domingo
 Su culto fue autorizado por Benedicto XIV el 22 de septiembre de 1741.


Las cofradías de Córdoba tienen a su figura como Patrono.

 En la actualidad el Vía Crucis de Scala Coeli se celebra cada Viernes de Dolores con la Sagrada Imagen del Santísimo Cristo de San Álvaro cuya llegada al monasterio cuenta una antigua leyenda, según la cual, San Álvaro quiso tener un crucifijo para su convento, pero carecía de recursos para ello.
 Caminando por los montes que rodean a tan fabuloso santuario, San Álvaro se encontró con un mendigo, este se encontraba en tal situación que no podía ni caminar. San Álvaro lo cargo a sus hombros y lo llevó hasta la puerta del convento.
Lo dejo en la puerta y fue a buscar a algún fraile que le ayudara a transportar al pobre hombre. Cual fue su sorpresa que cuando volvió, el mendigo había desaparecido y en su lugar se hallaba una imagen de un Cristo Crucificado. Gracias a su generosidad, San Álvaro pudo tener el Crucificado que tanto anhelaba.

IMAGENES DE JESÚS EN LA ÚLTIMA CENA

SEÑOR DE LA SAGRADA CENA DE SEVILLA

 

Imagen propiedad

 de Hermandad de la Sagrada Cena de Sevilla





 La mejor imagen cristífera realizada en el siglo XX para las cofradías sevillanas.


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 Realizada en 1955 por Sebastián Santos Rojas, se trata de una imagen tallada en madera policromada, encontrándose de pié y con los brazos abiertos an actitud de bendecir, con una composición que recuerda a algunas imágenes del Niño Jesús de la tradición barroca sevillana.


 La imagen de Jesús es una talla de cuerpo completo para vestir de 177 cm, en madera.

 Su autor cobró por la imagen 25.000 ptas.

 Como dato curioso, el Señor carece de la habitual preparación de yeso en la cabeza y en manos. En su lugar lleva una preparación de goma laca previa a la policromía.

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 Las imágenes de los apóstoles son obra del escultor Luis Ortega Bru (1975-1982), aunque Manuel Hernández León realizó cuerpos nuevos para varios de los apóstoles en 1985.

Recibe culto en la Iglesia de los Terceros, en la parte inferior del Retablo Mayor




El Señor participa en la procesión del Corpus




JESÚS SALVADOR EN SU ÚLTIMA CENA  DE JAEN


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Es propiedad de
La Hermandad Sacramental de Jesús Salvador en su Santa Cena y María Santísima de la Caridad y Consolación
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Obra de Antonio Bernal Redondo en 2000. Representa a Jesús en la Última Cena de pie sujetando el cáliz en la mano izquierda mientras bendice con la derecha.

 

El paso de misterio representa a Jesús acompañado por los 12 apóstoles. Mientras San Juan se acerca al Maestro, Judas Iscariote, el traidor, se gira para evitar la mirada de Cristo. El canasto y los respiraderos fueron tallados en estilo rocalla y dorados por José Carlos Rubio Valverde.




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 Recibe culto en la Iglesia Parroquial de San Félix de Valois en la ciudad de Jaén




SAGRADA CENA DE CADIZ
NUESTRO PADRE JESÚS DEL MILAGRO EN LA SANTA CENA
Titular de
Hermandad Sacramental y de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de la Pura y Limpia Madre de Dios, Nuestro Padre Jesús del Milagro en la Sagrada Cena y María Santísima Reina de Todos los Santos de Cádiz, conocida popularmente como Hermandad de la Sagrada Cena.







Recibe culto en la iglesia de Santo Domingo

Archivo:Altar cultos Hdad. Cena Cádiz 2016.jpg
Procesiona en paso de Misterio el Domingo de Ramos


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NUESTRO PADRE  JESÚS DE LA ÚLTIMA CENA DE JEREZ DE LA FRONTERA


La imagen de Jesús es obra del imaginero gaditano Luis González Rey (1995), que también realizó las de los apóstoles (entre 1991 y 1994). Juan Antonio Gomila Macías comanda a los costaleros de la Cena de Cádiz


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Titular de
Real, Antigua y Fervorosa Hermandad del Santísimo Sacramento, Sagrada Cena de Nuestro Señor Jesucristo y Santa María de la Paz.

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Fue concebida para formar parte de un grupo escultórico que representara el pasaje evangélico de la Última Cena.

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 Se trata de una talla de vestir, de tamaño natural, que fue creada por el célebre imaginero y escultor Luis Ortega Bru, procesionando por primera vez en el año 1967.
Recibe culto en la iglesia de San Marcos
Realiza su salida procesional en la tarde-noche del Lunes Santo de la Semana Santa jerezana,


 Luis Ortega Bru, quien también talló siete de los apóstoles que le acompañan, tallados hasta el año 1975.
 El resto del apostolado es obra de un hijo y sobrinos de Ortega Bru, quienes completan el misterio que sale al completo en el año 2002.

LA ULTIMA CENA

. — «LOS AMÓ HASTA LO ÚLTIMO»

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Notó el Señor que los Doce, tal vez al momento de colocarse en sus puestos, discutían sobre quién sería el primero de todos. Tres años lleven en su escuela y todavía no han aprendido la primera lección. Jesús les avisa mansamente:

Jesús y Juan (detalle)

 —El primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierna como el que sirve. Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Pero no quería el Señor que en aquellos últimos momentos se quedasen con la pena de una reprensión. Por eso les dice con cariño:


—Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi Reino, y os sentareis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.

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Y lo que entonces ocurrió, nos lo cuenta San Juan, el discípulo a quien amaba Jesús, en una página que todavía conserva la sublime emoción que él mismo sintió al presenciarlo. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.


Estaban cenando, ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavar los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llega a Simón Pedro y éste le dice:

El lavatorio de los pies
—Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: —Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dice: —No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: —Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón Pedro le dice: —Señor, no sólo los pies; sino también las manos y la cabeza.


Jesús le dice: —Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».)

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Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: —¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Ya que sabéis estas cosas, felices seréis si las cumplís.


Y viendo que no todos serán felices porque no todos las cumplirán, añade: —No lo digo por todos. Yo sé a quiénes he elegido. Pero así quedara cumplida la Escritura, que dice: «El que come mi pan conmigo, levantará su pie contra mi. Como espina en el corazón clavada, siente Jesús la traición de Judas allí presente. Aprovecha los momentos para darle a entender que lo sabe todo y para invitarle a la conversión:

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—Os hablo así ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, conozcáis que soy yo. Misteriosamente pone ante los ojos del ingrato la enormidad del crimen que maquina, añadiendo: —Quien recibe al que yo envío, a mí me recibe. Y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Los Apóstoles sólo entienden el sentido de estas palabras, que para ellos contienen motivo de consolación, pues ellos han recibido a Jesús. Pero Judas puede entender algo más: si recibir a Jesús, es recibir al Padre que le ha enviado, entregar e Jesús, será entregar al Padre, entregar a Dios. Mas tiene el corazón endurecido, y no renuncia a realizar la entrega que prometió en un momento de ambición apasionada.


¡Cómo duele al Corazón generoso del Maestro la presencia del traidor! Le he lavado los pies como a los demás. Acaso con más cariño que a los demás.


Acaso mientras le lavaba, procuró que su mirada serena se encontrase con las del traidor que nerviosamente las dirigía a otra parte. Le invitara de nuevo al arrepentimiento, y al ver que nada logra, tendrá que decirle que se marche: ¡Es demasiado santa la Primera Misa del mundo para que sea profanada por el aliento de un sacrílego!